En nuestro tercer día en el Perigord Negro (Francia) salimos del Departamento del Dordoña y nos acercamos a Rocamadour, un pueblo que se encuentra en el Departamento de Lot  y reconocido como Grand Site de Midi-Pyrénées. Teníamos muchas ganas de conocer el segundo sitio de Francia más visitado (solo superado por el Mont Saint-Michel), y es que cada año atrae a 1,5 millones de visitantes y peregrinos. Es de esos pueblos de Francia que no hay que perderse.

Un poco de historia

Ya había presencia humana en esta zona desde el paleolítico superior, como lo ha demostrado la Cueva de las Maravillas, una caverna con pinturas rupestres prehistóricas ideal para visitar en familia, que se encuentra en las inmediaciones.

Hasta aquí llegaron un grupo de eremitas que se asentaron en un extenso refugio protegido por la roca de este gran acantilado sobre el río Alzou, y en este lugar edificaron un modesto oratorio dedicado a María, culto que ha permanecido hasta ahora.

En 1162 los monjes benedictinos que edificaron el santuario de la Virgen, descubrieron el cuerpo incorrupto de uno de los primeros ermitaños, San Amadour, al cual se le atribuyen 126 milagros y así comenzó la devoción al santo junto con la de María y las peregrinaciones a este lugar.

Se aprovechó la cercanía con el Camino de Santiago para desviar a los peregrinos hacia este lugar y lo hicieron con gran éxito. El dinero que fue llegando de los peregrinos se aprovechó para construir 12 santuarios excavados en la montaña (de los que actualmente quedan 7), entre los que destaca el dedicado a la Virgen Negra.

La ciudad también se desarrolló a lo largo de una única calle de 1 km de largo y se construyó un palacio-castillo para alojar a los peregrinos más importantes: Reyes como Luis IX de Francia, Enrique II de Inglaterra, Leonor de Aquitania, Blanca de Castilla o  Alfonso III de Portugal,  predicadores como Domingo de Guzmán o Antonio de Padua, obispos, nobles, etc.

Salimos de Sarlat rumbo a Rocamadour por una carretera que transcurre entre bosques, granjas de ocas, pueblos pequeños, castillos y cuevas, que parecían muy interesantes y que han quedado apuntados para otra visita.

El Castillo

Llegamos a Rocamadour y enseguida encontramos la oficina de turismo, preguntamos dónde aparcar y qué ver y nos indicaron que lo mejor era dejar el coche en uno de los aparcamientos que hay junto al Castillo, en la parte superior del pueblo. Así que siguiendo los carteles llegamos a uno de los aparcamientos, que sorprendentemente era gratuito.

La primera visita que realizamos fue la del Castillo. Para entrar hay que pasar por un torno que se desbloquea con una moneda de dos euros, un precio excesivo si vais varios ya que el interior del Castillo no se puede visitar porque es privado, tan sólo se puede acceder a las murallas.

Castillo de Rocamadour

Castillo de Rocamadour

Aún así merece la pena para ver las vistas de vértigo que hay sobre el acantilado en el que se encuentra el Castillo, a unos 150 metros del río.

Unas vistas de vértigo desde las almenas del Castillo de Rocamadour

Unas vistas de vértigo desde las almenas del Castillo de Rocamadour

Paseamos por las murallas junto a los tejados, en el interior de una torre pudimos contemplar el mecanismo del reloj y observar el jardín que tiene el castillo y la Plaza de las Capillas que está justo debajo.

Paseo por las almenas del Castillo de Rocamadour

Paseo por las almenas del Castillo de Rocamadour

Jardines del Castillo de Rocamadour

Jardines del Castillo de Rocamadour

Desde aquí te das cuenta de que tanto el pueblo, como el santuario y el castillo están incrustados en la roca, construidos en niveles superpuestos como si fuese un nido de águilas, desafiando a la gravedad sobre el cañón del río Alzou.

Panorámica de Rocamadour

Panorámica de Rocamadour

El pueblo de Rocamadour desde el Castillo

El pueblo de Rocamadour desde el Castillo

Al salir del castillo tienes dos opciones para visitar el pueblo: bajar andando a través del Camino de la Cruz (Chemin de croix) o a través de un funicular subterráneo (de pago) que lleva directamente a la Puerta de San Marcial (Porte St-Martial), a través de la cual se accede al Santuario.

Elegimos bajar andando a través del camino para así poder recorrerlo cómodamente. Se trata de un camino en zig-zag que va descendiendo desde el castillo y en el que hay un vía crucis.

Camino de la Cruz

Camino de la Cruz

Estamos haciendo el camino inverso al que hacían los peregrinos, ya que ellos subían desde el santuario y el camino les guiaba a lo largo de 14 estaciones con esculturas hasta el final de su recorrido. El camino transcurre por un bosque que lo hace más llevadero en los días de mucho calor, como el que nos tocó a nosotros. En el camino encontramos la Capilla de Saint-Michel, que está excavada en la roca.

Los Santuarios

De esta forma llegamos a la Puerta de San Marcial (Porte Saint-Martial) del siglo XIII que da acceso a los santuarios. Desde aquí hay que atravesar una especie de túnel, que tiene un montón de inscripciones grabadas en placas de mármol colgadas en sus paredes, como acción de gracias por los milagros realizados por la Virgen o el santo.

Túnel de entrada al santuario

Túnel de entrada al santuario

De esta forma accedimos al recinto del santuario, y aquí, alrededor de una plaza central, se encuentran siete iglesias y capillas, siendo la más importante de todas la dedicada a la Virgen Negra. Se trata de un lugar mágico y parece que has viajado a otra época.

Plaza del santuario de Rocamadour

Plaza del santuario de Rocamadour

La Iglesia de San Salvador (L’église Saint-Sauveur) y la cripta de San Amador (crypte Saint-Amadour) están inscritas por la UNESCO en la lista de Patrimonio Mundial debido a su importancia dentro del Camino de Santiago. Estos santuarios semitrogloditas fueron edificados desde el siglo XII en el espacio estrecho y escarpado de una terraza rocosa.

La Iglesia de San Salvador (Saint Sauveur) es la más grande del grupo, se trata de una iglesia construida en el siglo XIII tras el descubrimiento del cuerpo incorrupto de Saint-Amadour. En la Edad Media tenía dos partes, una de ellas servía para albergue de peregrinos y la otra era utilizada por los monjes. En el año 1913 le fue otorgada la consideración de basílica. Se trata de una iglesia de dos naves con elementos de estilos románico y gótico, con bóveda de crucería y algunas vidrieras.

Interior de la Iglesia de San Salvador

Interior de la Iglesia de San Salvador

Dos de las paredes de la basílica son la propia roca; otra cosa llamativa es que tiene dos altares y el espacio principal de la nave no cuenta con bancos como suele ser habitual, sino con sillas y al final de la nave, en la parte opuesta al altar, hay un coro en dos niveles con barandilla de madera, a los que se sube a través de una escalera de caracol central.

Órgano y coro de dos niveles de la Iglesia de San Salvador

Órgano y coro de dos niveles de la Iglesia de San Salvador

Debajo de la iglesia de San Salvador se encuentra la Capilla de Saint-Amadour con su cripta del siglo XII, donde se encuentran los restos del santo.

Junto a la iglesia de San Salvador se encuentra la Capilla de Notre Dame, a la que se puede acceder desde el exterior o desde una puerta que hay en un lateral de la iglesia de San Salvador. Es una capilla en penumbra en la que se encuentra la imagen de una misteriosa y milagrosa Virgen Negra (Notre Dame de Rocamadour), aunque se tiene constancia de que antes del siglo XVII no era de ese color, parece que algo ha tenido que ver en ello el humo de los miles de cirios que lo peregrinos han encendido a lo largo de los siglos.

Capilla de Notre Dame de Rocamadour

Capilla de Notre Dame de Rocamadour

Nos llamaron la atención unas maquetas de barcos suspendidas del techo de la capilla, y nos preguntamos ¿qué hacen allí tan lejos del mar?. Pues resulta que la Virgen de Rocamadour es la patrona de los marineros, ya que muchos se encomendaban a ella cuando sufrían algún naufragio y, según la leyenda, cada vez que la Virgen salvaba a los marineros, una campana que también se encuentra colgando de la bóveda de la capilla, se movía y sonaba sola para anunciar el milagro. Por esta razón Nuestra Señora de Rocamadour es venerada también en varias capillas de Finisterre o Quebec.

Por si estas leyendas fueran pocas para atraer a los peregrinos, clavada en la roca, a la salida de la Capilla de Notre Dame, se encuentra la que según la leyenda es Durandal, la espada de Rolando, sobrino de Carlomagno. Cuenta la historia que, ante lo inminente de su muerte a manos de los infieles, la lanzó al aire para que no cayera en manos de sus enemigos, llegando la espada desde Roncesvalles hasta el lugar donde se encuentra en la actualidad.

Exterior de la Capilla de la Virgen Negra

Exterior de la Capilla de la Virgen Negra

En la roca que se encuentra en el centro de la foto se encuentra en la espada Durandal

En la roca que se encuentra en el centro de la foto se encuentra en la espada Durandal

Visitamos el resto de capillas, que son más pequeñas que la anterior y paseamos por el resto del complejo del santuario. Llaman la atención los frescos exteriores y las pinturas románicas que aún sobreviven en algunos muros aislados.

Pinturas románicas del santuario

Pinturas románicas del santuario

No da la impresión de ser un sitio religioso, sino más bien un sitio palaciego medieval que asombra por el lugar en el que se ha construido, al abrigo de la montaña y excavando parte de la misma. No me extraña que los peregrinos que llegaban a ella quedasen cautivados con el espectáculo.

Aunque en realidad lo que vemos ahora es la reconstrucción que hizo Eugène Viollet-le-Duc en el siglo XIX, con su particular visión del medioevo, no se que aspecto tendría originalmente, aunque si que debía de asombrar lo suyo. Por cierto, que este arquitecto también reconstruyó Carcasona, y aquí puedes ver el post que hice sobre esta bella ciudad.

Recinto del Santuario de Rocamadour

Recinto del Santuario de Rocamadour

Dentro del recinto hay 7 santuarios, pero hay un octavo santuario, que es el más moderno de todos. Se encuentra fuera de las pequeñas murallas que resguardan al resto, y lo más curioso es que está dedicado a Nuestra Señora del Óvalo, patrona de los jugadores de rugby. En una gran vitrina vimos que están expuestas las camisetas de equipos como los All Blacks neozelandeses o el Stade Toulousain, el equipo de la región.

El pueblo

Una vez visitado el recinto del santuario bajamos al pueblo por la Gran Escalera, que era la última prueba que tenían que pasar los peregrinos antes de acceder a los santuarios, y que subían muchas veces de rodillas.

Bajando la Gran Escalera

Bajando la Gran Escalera

Se trata de una escalera de 216 peldaños, que si te fijas bien verás que están llenos de fósiles. De esta forma llegamos a la Place de la Carreta y de allí a la calle Roland le Preux, que es la única calle normal del pueblo.

Calle Roland le Preux de Rocamadour

Calle Roland le Preux de Rocamadour

Es una calle peatonal de un kilómetro de largo que está llena de tiendas de souvenirs, de restaurantes y hoteles, y parece ser que siempre ha sido así.

Para los amantes de los trenes turísticos, decirles que en Rocamadour hay un trenecito que hace un recorrido de la parte más baja de la ciudad nueva (en la que también hay zona de aparcamiento) hasta la Ciudad Medieval. Nos indicaron que es una actividad muy recomendable para hacerla por la noche y ver Rocamadour con su iluminación nocturna.

Rocamadour fue un sitio difícil de proteger, ya que la falta de espacio impedía la construcción de murallas, pero como era un sitio que atraía mucho dinero de los peregrinos se convirtió en el objetivo de múltiples pillajes. Para defenderse, los comerciantes de Rocamadour construyeron hasta 11 puertas fortificadas a lo largo de la calle, de las que quedan en pie unas pocas como la Porte Salmon, la Porte du Figuier o la Porte Basse.

Porte Salmon

Porte Salmon

Ya iba siendo hora de comer así que elegimos uno de los múltiples restaurantes que existen, la Table du Curé, en el que comimos en su terraza exterior con unas vistas magníficas del acantilado y del río. Quisimos probar uno de los platos típicos de Rocamadour: el cassoulet, que es un guiso de alubias blancas con carne de pato y salchicha, bastante contundente y que no fue muy apropiado para el día en el que estuvimos en Rocamadour, ya que ese día había una temperatura de unos 40º C. Así que si quieres probarlo elige un día más fresco. Lo que si que no puedes dejar de probar, vayas cuando vayas, es el riquísimo queso de Rocamadour, un queso de cabra fundamental en todos los menús.

Después de comer continuamos descubriendo los rincones de Rocamadour, como el taller de un pintor que se encuentra en una de sus callejas, los restos de las puertas que protegían la ciudad, las casas típicas, nos asomamos a los patios interiores que tienen algunas tiendas, e incluso salimos del recinto de la ciudad y allí encontramos un bonito puente de piedra junto al cual hay una torre-molino en el que estuvo situada una crepería, aunque ahora está cerrada y la torre en venta.

Calle Roland le Preux

Calle Roland le Preux

Porte du Figuier

Porte du Figuier

Hacia la Porte Basse

Hacia la Porte Basse

Como teníamos el coche en la parte superior del pueblo, esta vez si que tuvimos que seguir el camino de los peregrinos, subiendo la escalera hasta el santuario, que con 40º C si que parecía una penitencia.

La Gran Escalera que lleva al Santuario

La Gran Escalera que lleva al Santuario

Si tienes problemas de movilidad hay un ascensor de pago que sube hasta allí.

Exterior del Santuario de Rocamadour

Exterior del Santuario de Rocamadour

Volvimos a recorrer el complejo de los santuarios , descubriendo sitios que no habíamos visto antes, como unas terrazas que se encuentran bordeando los santuarios y desde las cuales disfrutamos de unas vistas magníficas, que aprovechamos para fotografiar.

Fotografiando desde el Santuario

Fotografiando desde el Santuario

Vista del pueblo desde el Santuario

Vista del pueblo desde el Santuario

A partir de allí como todavía teníamos que subir hasta el Castillo, y el calor era sofocante, decidimos subir en el funicular subterráneo que nos dejó al lado del parking en el que habíamos dejado el coche.

Con el coche fuimos hasta la oficina de turismo en la que habíamos estado por la mañana, ya que frente a ella se sitúan los restos del Hospitalet, el pequeño hospital de peregrinos al que acudían los peregrinos enfermos o heridos, para curarse antes de llegar a los santuarios. Junto al hospitalet se sitúa “El campo de los pobres“, un cementerio en el que enterraban a los peregrinos que morían en el hospital o a las gentes de condición humilde. Allí también pudimos visitar la capilla del pequeño hospital, que es lo único que queda en pie de este complejo.

El Hospitalet de Rocamadour

El Hospitalet de Rocamadour

Si vas a viajar al Périgord esta es una visita imprescincible, por el paisaje, el enclave en el que se encuentra, su historia, sus monumentos y todo lo que puedes ver y hacer en sus alrededores: la Gruta de las Maravillas, la Gruta de Linars, rutas de senderismo como el GR6, los parques zoológicos, como el Bosque de los Monos y la Roca de las Águilas o el museo la Casa de las Abejas.


Si quieres ver el resto de entradas de nuestro periplo por el Perigord Negro, aquí tienes los posts que ya hemos publicado:

Viaje al Perigord Negro y la Dordoña en una semana (I): el comienzo Castelnaud y Beynac-et-Cazenac – Viaje al Perigord Negro y la Dordoña en una semana (II) Sarlat, el paraíso de los franceses – Viaje al Perigord Negro y la Dordoña en una semana (IV)

 

 

 

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