Burdeos (Bordeaux), la capital de Aquitania, es una ciudad atravesada por el río Garona y en la que se encuentra el último de sus puentes, el Puente de Aquitania.

Tengo la sensación de que todas las ciudades atravesadas por un gran río tienen algo especial, y Burdeos no lo es menos. A nosotros nos sorprendió, ya que no teníamos muchas referencias de la ciudad y no íbamos con una idea preconcebida.

Durante siglos el puerto de Burdeos ha sido un importante nudo de comunicaciones y comercio entre Europa, África y América. Hasta hace poco sufría un gran estado de abandono, hasta que una reciente remodelación urbanística le devolvió su antiguo esplendor a la ciudad.

El Puerto de la Luna es el nombre popular que se le ha dado a esta ciudad portuaria, debido a que el estuario que forma el Garona a su paso por la ciudad, tiene forma de media luna, la cual aparece en el escudo de la ciudad. En junio de 2007 Burdeos y el Puerto de la Luna fueron inscritos en la lista de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

 

Puerto de la Luna

Puerto de la Luna

Una de las mejores formas de comenzar el recorrido por la ciudad es por la Place de la Bourse (Plaza de la Bolsa) o Place Royale (Plaza Real). Así que cuando fuimos a conocer Burdeos fue el primer sitio al que nos encaminamos.

Es el emblema de Burdeos desde hace siglos, se trata de una majestuosa plaza a orillas del Garona, construida entre 1730 y 1755 por los arquitectos Gabriel (padre e hijo). Jacques Gabriel fue el primer arquitecto de Luis XV, por lo que los edificios de esta plaza tienen un cierto aire parisino. Se trata de una plaza con edificios señoriales de fachadas uniformes,  y con forma de herradura, es un conjunto arquitectónico típico del reinado de Luis XV. Su construcción supuso el fin del Burdeos medieval, encerrado en sus murallas.

Edificios de la Plaza de la Bolsa con la Fuente de las Tres Gracias en primer plano

Edificios de la Plaza de la Bolsa con la Fuente de las Tres Gracias en primer plano

En un principio estaba separada del río por unas verjas que fueron derribadas durante la Revolución. También en esta época se desmontó la estatua real dedicada a Luis XV y se sustituyó por una de Napoleón. En 1869 se sustituyó definitivamente por la que podemos ver hoy en día, dedicada a las Tres Gracias.

Fuente de las Tres Gracias

Fuente de las Tres Gracias

Esta plaza refleja la importancia comercial de la ciudad, lo que se puede apreciar en el Palacio de la Bolsa (actual Cámara de Comercio de la ciudad) y en el antiguo edificio de la Aduana (hoy Museo Nacional de Aduanas), donde se controlaban las mercancías que partían o llegaban de las colonias en una época de gran actividad en los muelles del río.

Fíjate en las esculturas de las fachadas, puedes ver a Minerva, diosa de la sabiduría y de las artes; a Mercurio, dios del comercio; a Neptuno, el dios que gobierna todas las aguas y mares, situado allí para favorecer el comercio por el río; y a Baco, el dios del vino, en referencia a los famosos vinos que se producen en la región.

Esculturas clásicas en la Plaza de la Bolsa

Esculturas clásicas en la Plaza de la Bolsa

En 2006 se creó el Espejo de Agua más grande del mundo (3.450 m2), el Miroir d’Eau, que situaron frente a la Plaza de la Bolsa, con la intención de reflejar los bellos edificios de la plaza.

Reflejos de la Plaza

Reflejos de la Plaza

Éste se ha convertido en uno de los principales lugares de atracción de la ciudad, sobre todo para los niños, que en verano corren descalzos encima de los 2 cm de agua que hay en la gigantesca placa de granito, y juegan entre los chorros de agua y la niebla, que va alternando.

Jugando entre la niebla

Jugando entre la niebla

Se ha convertido en un escenario mágico de juegos, en una forma divertida de refrescarse en los meses de calor y en un escenario romántico en el que hacer fotos cuando sólo queda la fina capa de agua en la que se reflejan los edificios de la Plaza de la Bolsa.

El Miroir d'Eau o Espejo de Agua

El Miroir d’Eau o Espejo de Agua

Así que, como todos los que pasan por allí, estuvimos un buen rato chapoteando en el agua del espejo y haciendo montones de fotos desde todos los ángulos. Fue un buen comienzo para conocer la bonita ciudad de Burdeos, de la que seguiremos hablando en posteriores posts.

 

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